El modelo psicoanalítico considera que las perturbaciones somáticas cierran a veces la brecha de una cadena inconsciente. Freud, en su obra «Inhibición, síntoma y angustia», sistematiza varias observaciones sobre trastornos orgánicos y de qué manera el inconsciente los utiliza. Fundamentalmente este autor elabora su teoría sobre la conversión histérica, una dolencia física sin base orgánica, un síntoma psíquico dirigido al Otro. Es un deseo reprimido desde donde el cuerpo manifiesta este conflicto.

El psicoanalista George Groddeck desde una posición muy radical afirmaba que cada enfermedad orgánica es expresión del inconsciente, cuya fuerza constitutiva viene del Ello inconsciente que tiene el deseo de enfermar y elige la enfermedad.

Francoise Dolto una importante psicoanalista francesa diferencia el fenómeno psicosomático de la histeria. La diferencia que establece es que, si en la histeria queremos manipular inconscientemente al otro, en el trastorno psicosomático el individuo sufre en su cuerpo por algo que no puede decir ni expresar.

Franz Alexander, autor que funda la Medicina Psicosomática, afirma que mientras que la histeria trastorna a partir de la musculatura de inervación voluntaria, en el psicosomático se inscribe en el sistema visceral neurovegetativo. La enfermedad psicosomática está relacionada con tensiones emocionales que producen inervaciones crónicas, aunque hay unas enfermedades especificas, que se corresponden con determinadas personalidades. ( Cartelpsicoanalitic.blospot.com)

Desde la perspectiva de Jung, es importante contemplar el concepto de símbolo, como algo que representa más que su significado inmediato.

Como hay innumerables cosas más allá del entendimiento humano, usamos constantemente términos simbólicos para representar conceptos que no podemos definir o comprender del todo. Esta es una de las razonas por las cuales todas las religiones emplean lenguaje simbólico e imágenes. Pero esta utilización consciente de los símbolos es sólo un aspecto de un hecho psicológico de gran importancia: el hombre también produce símbolos inconsciente y espontáneamente en forma de sueños .

El hombre, como nos damos cuenta si reflexionamos un momento, jamás percibe cosa alguna por entero o la comprende completamente. Puede ver , oir, tocar y gustar, pero hasta donde ve, cuánto oye, qué le dice el tacto y qué saborea dependen del número y calidad de sus sentidos…….. Cada experiencia contiene un número ilimitado de factores desconocidos, por no mencionar el hecho de que cada objeto concreto es siempre desconocido en ciertos respectos, porque no podemos conocer la naturaleza ultima de la propia materia.

Después hay ciertos sucesos de los que no nos hemos dado cuenta conscientemente; han permanecido, por así decir, bajo el umbral de la consciencia. Han ocurrido pero han sido absorbidos subliminalmente, sin nuestro conocimiento consciente. Podemos darnos cuenta de tales sucesos solo en un momento de intuición o mediante un proceso de pensamiento profundo que conduce a una posterior comprensión de que tienen que haber ocurrido; y aunque, primeramente, podamos haber desdeñado su importancia emotiva y vital, posteriormente surgen del inconsciente como una especie de reflexión tardía.

Podría aparecer, por ejemplo, en forma de sueño. Por regla general, el aspecto inconsciente de cualquier suceso se nos revela en sueños donde aparece no como un pensamiento racional sino como una imagen simbólica

Carl. G. Jung, El hombre y sus símbolos.

De la misma manera la cualidad de ciertos síntomas y enfermedades podrían contener esta naturaleza de expresión simbólica de aspectos que están alejados de nuestro darnos cuenta..

Desde la mirada gestáltica y su enfoque holístico sobre la salud y la enfermedad, contemplamos el síntoma, entendiendo su mensaje y significado dentro de una interrupción en la autorregulación organísmica

Fundamentalmente el trabajo de Adriana Schnake en este terreno nos da luz para contemplar la enfermedad, y herramientas de trabajo para desvelar su sentido y dinamizar el dialogo y la energía atascada en un síntoma. Desde su experiencia como médico y psicoterapeuta, nos muestra como entender los mensajes de un órgano, una enfermedad, un dolor, donde, como en palabras de Francisco Huneus, el síntoma y el carácter se trenzan en un combate.

Así, experiencias, situaciones inconclusas, emociones, movimientos retroflectados y aspectos negados de la personalidad pueden manifestarse a través de un dolor, de una enfermedad, un síntoma, como manera de mostrarse, de dejarse ver, de decirse en su lenguaje para que podamos integrarlos y recuperar la armonía. Como expresan los autores del libro: “La enfermedad como camino”, la enfermedad expresa esos aspectos de la sombra que quedaban ocultos a la conciencia. La enfermedad expresa alguna emoción o vivencia que no ha sido adecuadamente simbolizada, o ha sido negada. Asi el cuerpo, sin embargo, recuerda esta experiencia y la manifiesta a través de un síntoma.

Se ha investigado como mucho de los pacientes psicosomáticos tienen lo que se denomina Alexitimia, que etimológicamente quiere decir sin palabras para los sentimientos, esta seria una dificultad, para discernir las emociones y nombrarlas. Serian como unos analfabetos de las emociones.

Reich investigó como las tensiones emocionales se quedaban bloqueadas en el cuerpo a través de contracciones crónicas musculares que generan una coraza muscular que impide la libre circulación de la energía, y provoca enfermedades. Según el autor Eckhart Tolle, los seres humanos poseemos un cuerpo de dolor. Las emociones de displacer vividas en la infancia fácilmente se quedan estancadas en la profundidad.

Existe la nueva disciplina de biodescondificacion que trata de hacer una lectura de cada uno de las enfermedades, con una guía o diccionario de significados asociados minuciosamente a cada síntoma. Para el autor Enric Corberala enfermedad surge cuando no somos conscientes de que empleamos ciertas emociones, porque éstas no son políticamente correctas. Decimos entonces que entramos en incoherencia emocional, porque lo que pensamos, decimos , sentimos y lo que hacemos no está en coherencia con lo que realmente queremos hacer, sentir y pensar. Muchas veces nuestros sentimientos y pensamientos son unos y nuestras acciones son otras y esto hace que la incoherencia se muestre en nuestros cuerpos en forma de malestar físico. No comprendemos que a los únicos que nos engañamos es a nosotros mismos”.

En nuestro caso, desde la terapia Gestalt, el terapeuta no aporta este significado sino que propone un trabajo para que el propio paciente vaya descubriéndolo a través de la silla vacía dejando hablar al órgano enfermo y permitiendo que exprese su malestar y su cualidad.

 Adriana Schnake conjuga la psicoterapia y la medicina, ayudando a la persona a conectarse con su capacidad autosanadora, escuchando al cuerpo con la cualidad de su dolor, asociado con el carácter.

Nana nos dice dos maneras de abordar los síntomas.

Hay dos maneras de conectarnos con los mensajes de nuestro cuerpo: una inadvertida, poética, con la cual no buscamos ni esperamos nada, simplemente nos hundimos en la sensación de una parte de nosotros mismos o de la naturaleza, y dejamos surgir la emoción con un ritmo, una melodía, un colorido y, muchas veces, hasta un aroma. Es posible que este hermoso contacto con la totalidad de nuestro cuerpo sea un tácito reconocimiento de todo nuestro organismo, al que fuimos llevados por una necesidad de movimiento o de ritmo que favorece nuestro bienestar.

El otro modo es a través de los diálogos gestálticos que venimos propiciando durante tantos años y en las cuales la persona necesita ser ayudada –en el inicio- por alguien que se haya formado en este enfoque

A. Schnake. Enfermedad, síntoma y carácter.

A través de estos diálogos nos damos cuenta de que tipo de comunicación, de encuentro hay entre la persona y el órgano, y cómo a través de esta escucha al dolor le lleva a aceptar aspectos de los que no era consciente o no aceptaba..

Muchas veces pudieron decirle a alguien por ejemplo, tu no saber pedir, o te cuesta aceptar, y aunque aquello sea una característica que admite como propia y entienda de dónde viene su actitud, nada cambia. De pronto durante el diálogo gestáltico , esa persona escucha a su corazón diciéndole. “yo se recibir y dar “, “necesito que me llegue sangre no solo para alimentarme, sino también para distribuirla a los demás “.. y advierte una absoluta obviedad: no se puede dar lo que no se tiene. Cuando esa persona- representando el rol del corazón- acepta y repite lo que se niega para sí y no considera vergonzoso pedir ayuda o necesitar recibir de otros para poder dar.

A. Schnake. Enfermedad, síntoma y carácter.

Por lo tanto la enfermedad esta integrada en la totalidad de la persona. Y a través de la representación del órgano, que hacemos con la experiencia de juego de roles, nos permite encontrar esta estrecha relación con la totalidad. El órgano puede ser una parte, blanda, frágil, selectiva…. Algún aspecto de la persona que está siendo apagado o negado, puede tener incrustados ciertos introyectos que le impiden su funcionamiento organísmico, puede guardar experiencias que no han sido nombradas y a través de su dolor están tomando voz en la totalidad de la persona.

Los pasos que describe Nana para este trabajo son.

1.- En primer lugar, explicamos a la persona X que le facilitaremos que se ponga en contacto con la parte de la que se queja, como un modo de que pueda llegar a darse cuenta de qué significa este reclamo.

2.- Le pedimos a X que nos cuente con todo detalle qué le pasa, qué le duele o molesta o a qué ha atribuido (o le han atribuido) su supuesta enfermedad o malestar .

3.- Escuchamos con gran atención para darnos cuenta de a qué órgano o a qué parte del cuerpo X está acusando o, por lo menos haciendo responsable de lo que le pasa.

4.- Pedimos a X que se siente al frente y sea esa parte o ese órgano. Que se tome unos minutos para concentrarse y tratar de imaginar cómo es ese órgano, que lo represente con todo su cuerpo y que se describa . Una vez que comienza, lo vamos guiando para que, en lo posible, le cuente a X para qué está dentro de su cuerpo. Le vamos haciendo preguntas con la finalidad de que proporcione más información a X. No lo interrogamos para que nos conteste a nosotros como terapeutas. No estamos interrogando a un alumno para pillarlo en falta y calificarlo. Lo ayudamos a que trate de darse cuenta de las características fundamentales de ese órgano que está asumiendo. Mientras mejor se describa es más importante captar lo esencial de su descripción y la expresión que tiene cuando menciona algunas características.

5.- Lo cambiamos a su asiento y le pedimos que le exprese a su órgano o a la parte que habló, lo que siente o lo que quiere decirle.

6.A. A continuación, si se había descrito bien y no parecía haber olvidado nada esencial del órgano o la parte, le pedimos que se cambie nuevamente al lugar del órgano y le diga a X cuales son las características o cualidades que tiene para poder cumplir sus funciones, y que le pregunte a X cómo es como persona. Si se parecen o no.

6.B. Si la persona ha cometido importantes omisiones o errores, el terapeuta puede ponerse en el lugar del órgano y describirse, al final le pregunta a X si se parecen o no.

7. Cuando X responde a la pregunta que hizo el órgano ( ¿en que os parecemos tu y yo? ), frecuentemente se conecta con temas personales, o con aspectos opuestos .

8.- El terapeuta se mantiene en el rol del órgano y continua el dialogo.

9.- Se suele a cambiar a la persona al sitio del órgano. Hasta que se describa lo mejor posible y se permita dialogar libremente con X

Este sería el camino para reconocer y permitir que la persona se reapropie de algunos aspectos tan desconocidos y tan alejados de sí que a veces lo han podido vivenciar como una persona desconocida frente a nosotros. A través de este encuentro podemos construir el camino hacia la integración.