En este artículo Paloma Hernández (una de las formadoras del curso de formación en terapia Gestalt de Quatro) explica el modelo de trabajo con niños fruto de la integración de la Gestalt y la práctica psicomotriz. Ambas teorías parten de ideas comunes: la tendencia del ser humano hacia el crecimiento global y la importancia de la relación afectiva en este proceso.

Llegué al campo de la terapia infantil buscando una información que me ayudara a entender lo que eran los niños. Estos locos bajitos ruidosos y absurdos no dejaban de sorprenderme y quería conocer cómo era su mundo, sus inquietudes, sus emociones.

Acababa de tener un hijo y quería aplacar todo mi miedo e inseguridad con información sobre la psicología infantil; así es que busqué en muchas fuentes, me tragué todo tipo de libros sobre evolutiva, psicoanálisis, conductismo… esperando que esta sabiduría diversificada me diera la luz que necesitaba para saber qué hacer con un niño, cómo jugar con él, cómo hablarle. Pero sucedió todo lo contrario: lo que iba leyendo sobre el variopinto mundo interno del niño lo utilizaba mi «perro de arriba» (entonces no sabía de su existencia), y todo lo aprendido lo convertía en una crítica ilustrada que me recordaba a cada momento que no estaba cumpliendo con el modelo de madre que había introyectado.

Sin embargo hubo un libro diferente que me aportó entonces una experiencia nueva. Estaba leyendo «El darse cuenta» de John Stevens durante unas vacaciones cuando, haciendo uno de los ejercicios sobre el darse cuenta sensorial del mundo externo comencé a observar cómo mi hijo jugaba con la arena; veía cómo sus manos se perdían en la tierra y la atrapaban convirtiéndola en pequeñas montañas, y cómo su cara se abría en una expresión de satisfacción abstraída que seguramente habría estado allí muchas veces sin que yo me hubiera percatado de ella. Me di cuenta de que no había sentido este contacto con él antes. Por un instante habían desaparecido todas las exigencias, los análisis y las observaciones laboriosas sobre el comportamiento, no había miedo. Era la primera vez que experimentaba el estar en el presente, la fuerza de este instante cuando desaparecen las exigencias, cuando nos podemos sacudir de encima máscara y roles.

Después me encontré con la Gestalt y la Psicomotricidad; ambas teorías hacen hincapié en la vivencia, en la experiencia, y a través de ellas, y sobre todo de las personas que he encontrado, voy aprendiendo a aceptarme, enriqueciéndome con partes que tenía dentro de mí, recuperando el mundo de las sensaciones, el placer de jugar y el encuentro con mi niña interior. He experimentado que «el contacto es placentero» como dice Paolo Quantrini y que merece la pena todo el camino recorrido, las horas de terapia y de talleres diversos para experimentar estos momentos de totalidad, de unificación que aparecen en la vivencia del presente.

«Esta noche un niño se acostó en mi regazo esperando cariño. Me sentí duro y torpe. Estuve tan ocupado pensando cómo debería sentir que no tuve tiempo para ver lo que sentía. Quizá mi temor de no sentir amor era infundado y lo habría encontrado en mi corazón si no hubiera temido tanto mirarme.»
PALABRAS A MÍ MISMO
Hugh Prather

Psicoterapia infantil

Toda psicoterapia dinamiza un cambio. Puede ser de autopercepción, de percepción del mundo o de las relaciones intra e interpersonales. Es un proceso de recuperación de las partes no integradas de la personalidad para restaurar el equilibrio del organismo.

Los niños se encuentran en un proceso de cambio continuo y la manera que tienen de expresar el malestar es a través de los síntomas: iperactividad, dislexia, enfermedades psicosomáticas… Tienen una gran resistencia a dejar sus síntomas, ya que son la manera de comunicar al mundo estas emociones bloqueadas; situaciones inconclusas que se expresan a nivel tónico en contracciones musculares, movimiento inhibido y en general falta de contacto y armonía.

Como terapeutas es importante que escuchemos al niño y sus síntomas, entenderlo dentro de la totalidad de su persona para buscar vías de toma de conciencia y expresión que pueden hacer evolucionar estas emociones atascadas. Para todo esto es necesario que el niño sepa que le vamos a respetar, a aceptar siendo él mismo. Así le vamos a permitir que en este espacio y en esta relación se vayan construyendo.

La psicomotricidad es una práctica que tiene en cuenta la unión estrecha que existe entre lo somático y lo psíquico. Trabaja fundamentalmente partiendo de la expresividad motriz del niño, de su movimiento y del juego simbólico como manera privilegiada de actuar sus sentimientos acumulados y conflictos irresueltos.

El malestar se expresa por una falta de sentimiento de totalidad; zonas que no han sido integradas en el esquema corporal y aspectos de la personalidad que han sido negados, reprimidos y proyectados para salvar un autoconcepto limitante. En el cuerpo se encuentra inscrita toda su historia de vida: afectiva, familiar y social. Por lo tanto la psicoterapia interviene a nivel de este cuerpo facilitando el movimiento libre, permitiendo la expresión de emociones reprimidas a través del juego e integrando las partes que habían sido rechazadas en una nueva totalidad. Esto se hace posible en un clima no amenazante de aceptación y respeto que permite al niño expresarse con palabras nuevas, acciones nuevas, vivir una relación reparadora donde puede ir descubriéndose y completando el ciclo de satisfacción de sus necesidades.

«El niño vive zonas de placer/ displacer. Al principio, él no ha integrado todas las zonas de su cuerpo, no sabe que sus manos son sus manos… La integración de estas zonas se favorece por la permanencia del retorno del placer dado por la madre, ella es la que favorece la integración del cuerpo del niño. Por otra parte, esta integración de su propio cuerpo en el espacio. El primer espejo que permite la integración del cuerpo troquelado, esta integración se hace gracias al investimiento positivo, gracias al placer que da la voz, su mirada, por la forma de sujetarlo, mecerlo, esto es lo que permite la integración del cuerpo.»
LA FALTA DE CUERPO
Lapierre y Aucouturier