La formación en terapia Gestalt supone un trabajo de autoconocimiento y una oportunidad para revisar el contacto, entendido este como la relación existente entre el individuo y el mundo que le rodea, tanto externo como interno.

El contacto articula una de las ideas centrales de la Psicoterapia Gestalt y es el combustible más importante que capacita y nutre al ser humano para posibilitar relaciones.

Es una de las ideas básicas de la Psicología Humanista y de la Gestalt, siendo la realidad primera y más simple con la que nos encontramos. Nos sana, nos nutre y posibilita nuestros vínculos, porque es una de las necesidades fundamentales del ser humano. Supone un ajuste creativo y desde ahí el ser humano se transforma y puede transformar.

Robine en su libro Contacto y relación en psicoterapia dice que algunas modalidades de contacto permiten que el contactante saque del fondo del contactado, experiencias dormidas o ignoradas y sin saberlo (o sabiéndolo) las pone en movimiento y las actualiza. Esto a la vez se da recíprocamente en las dos partes de la relación. Esta es la magia del encuentro, por este motivo es en las relaciones con el mundo y con los otros donde continuamente nos recreamos y nos reinventamos sin dejar de ser lo que siempre fuimos. La naturaleza humana está en parte dada pero además se irá creando a sí misma, y esto ocurre siempre en relación.

En este sentido la formación en teoría y técnicas Gestálticas tiene que ver con un re-formarse o un de-formarse (Rams). Supone la caída de ideas y preconceptos antiguos que ya no sirven para nada y tienen fecha de caducidad, posibilitando un ajuste creativo. De esta forma damos entrada a la idea de que creencia no es sabiduría.

Además del trabajo personal, como figura, la formación, va a ir enmarcada por un fondo de experiencia grupal. Según Zinker en su libro: ”El proceso creativo en terapia Gestalt”, el grupo no es solo un lugar donde la persona se siente acogida, sino un espacio de creación en común.

Este espacio posibilita poner a prueba nuestros límites de crecimiento y dar paso al desarrollo de todas nuestras potencialidades. Aquí lo terapéutico y vivencial, lo metodológico y lo técnico, no van a excluirse si no que van a configurarse en un todo, en una unidad que posibilita un camino y despliega todo un horizonte.

Perls hace hincapié y pretende en su biografía “Dentro y fuera del tarro de la basura”, hacernos llegar la idea de que la Gestalt no es un concepto inventado por el hombre sino algo inherente a la propia naturaleza.

Patricia Baumgardner en su libro «Terapia Gestalt»,  habla del legado de Fritz Perls y dice lo siguiente:

“La Gestalt para Perls es una terapia existencial que se ocupa de lo que es, o del fenómeno existente. No depende de hablar acerca de … ni de lo que debe ser.

El propósito es recuperar las partes perdidas y alienadas de la personalidad.

Los fenómenos con los que trabaja son los papeles sociales y las conductas opuestas al proceso natural, así como con los huecos de la personalidad y lo que evitamos.

El método a utilizar es “el darse cuenta”, poniendo atención a lo que hacemos.

Se trabaja con la experiencia que es contacto, contacto con nosotros mismos, con nuestros cuerpos y nuestra emociones, pensamientos y sentimiento. También es importante el contacto con los otros.

Según la definición de lo que es la Gestalt, en el art. 3 del Código ético de la Asociación Española de Terapia Gestalt. Dice lo siguiente:

“La Terapia Gestalt, que se reconoce adscrita a la corriente de la Psicología Humanista o del Desarrollo de las Potencialidades Humanas, persigue como objetivo, a través de las actitudes, principios y técnicas que le son propias, facilitar a los individuos que recurren a ella la ampliación vivencial de la consciencia de sus dificultades y recursos de modo que ellos mismos puedan llegar a proponerse sus propias metas, y a dar, libre, creativa y responsablemente respuestas a sus conflictos consigo mísmo y con el entorno”.

De esta forma la rigidez y callosidad que se produce en la frontera-contacto del animal humano en relación a un entorno escurridizo y siempre cambiante, puede ajustarse, flexibilizarse y hacerse creativa. Esta habilidad de ajuste posibilita una danza llena de espontaneidad y de presencia plena.

Podemos terminar diciendo que la Gestalt no es un conjunto de técnicas, sino la transmisión de una actitud (Claudio Naranjo).